El Modelo de Convivencia: un enfoque contemporáneo para comprender la discapacidad, la accesibilidad y la participación social
El Modelo de Convivencia: un enfoque contemporáneo para comprender la discapacidad, la accesibilidad y la participación social
Una propuesta del Prof. Dr. Diego Glasbauer para transformar la inclusión en pertenencia, participación real y vida común
La comprensión de la discapacidad ha evolucionado profundamente a lo largo de la historia.
Las sociedades han transitado desde modelos de eliminación, abandono, segregación y asistencia hacia perspectivas sociales, biopsicosociales y de derechos humanos. Estos avances permitieron reconocer que la discapacidad no puede explicarse únicamente por las características individuales de una persona, sino que surge también de su interacción con las barreras del entorno.
Sin embargo, el reconocimiento formal de derechos y la eliminación de barreras físicas no siempre garantizan una participación plena.
Una persona puede ingresar a una institución y continuar siendo tratada como una excepción. Puede encontrarse físicamente presente, pero no participar en las decisiones. Puede recibir apoyos que, en lugar de fortalecer su autonomía, sustituyan su voluntad. Puede ser incluida en un espacio sin experimentar un verdadero sentido de pertenencia.
Frente a estas limitaciones, el Modelo de Convivencia, desarrollado por el Prof. Dr. Diego Glasbauer en 2023, propone avanzar desde la presencia y el acceso hacia una transformación más profunda de la vida común.
Su pregunta central no es solamente:
“¿Cómo incluimos a la persona?”
El modelo propone una pregunta diferente:
“¿Cómo transformamos la vida común para que la diversidad sea acogida como un valor y no como una excepción?”
Del acceso a la convivencia
El acceso es una condición indispensable.
Una persona debe poder ingresar a los espacios, utilizar los servicios, comprender la información, comunicarse, desplazarse y participar en condiciones de seguridad y autonomía.
Pero el acceso, por sí solo, no garantiza convivencia.
Una institución puede cumplir con determinados requisitos de accesibilidad y, al mismo tiempo, mantener prácticas que segregan, infantilizan o anulan la voluntad.
La convivencia exige revisar no solo los espacios físicos, sino también:
- Las relaciones.
- Los roles.
- Las decisiones.
- Los apoyos.
- Las normas institucionales.
- Los procedimientos.
- Las formas de comunicación.
- Las oportunidades de participación.
- El reconocimiento de la persona como integrante de la comunidad.
El Modelo de Convivencia no reemplaza al modelo social ni al modelo de derechos humanos. Los complementa mediante una dimensión ética, relacional y comunitaria.
No pregunta únicamente si la persona puede entrar.
Pregunta si puede participar, decidir, aportar y pertenecer.
La evolución de los modelos de discapacidad
La forma en que una sociedad interpreta la discapacidad revela sus ideas sobre la dignidad, el valor humano, la autonomía, la productividad y la dependencia.
Los distintos modelos no deben entenderse únicamente como etapas históricas completamente superadas. Muchas de sus lógicas continúan presentes en instituciones, familias, políticas públicas y prácticas cotidianas.
Modelo de eliminación o prescindencia
En sus expresiones más extremas, este modelo considera que algunas vidas no tienen valor o representan una carga para la comunidad.
Aunque estas ideas son incompatibles con los derechos humanos contemporáneos, pueden persistir de manera simbólica cuando se cuestiona la dignidad de determinadas personas o se limita su acceso a servicios esenciales.
Modelo de abandono y ocultamiento
La persona no es eliminada físicamente, pero queda apartada de la vida social.
Puede permanecer confinada al ámbito doméstico, sin acceso adecuado a educación, trabajo, salud o participación comunitaria.
La discapacidad se convierte así en una situación que debe ocultarse.
Modelo de burla y ridiculización
La diferencia corporal, sensorial, intelectual o comunicacional se convierte en objeto de curiosidad, entretenimiento o humillación.
En la actualidad, este modelo puede manifestarse mediante el acoso, la exposición de imágenes sin consentimiento, el uso de la discapacidad como insulto o determinadas representaciones mediáticas.
Modelo de segregación institucional
La persona recibe atención, educación o asistencia, pero en circuitos separados.
La comunidad general no se transforma. En lugar de hacer accesibles los espacios comunes, se crean instituciones o actividades especiales para quienes son considerados diferentes.
Modelo caritativo-asistencial
La persona es tratada como receptora pasiva de ayuda.
La relación se organiza desde la compasión y la dependencia, y no desde el reconocimiento de derechos, decisiones y capacidades.
La ayuda puede existir, pero no necesariamente fortalece la autonomía.
Modelo médico-rehabilitador
La discapacidad se interpreta principalmente como una alteración individual que debe diagnosticarse, tratarse o corregirse.
Este enfoque ha permitido importantes avances clínicos, terapéuticos y tecnológicos.
Su limitación aparece cuando toda la atención se concentra en cambiar a la persona y no se consideran las barreras del entorno.
Modelo social
El modelo social desplazó el foco desde el déficit individual hacia las barreras sociales.
La discapacidad dejó de ser considerada exclusivamente como una característica de la persona y comenzó a comprenderse como el resultado de una sociedad que no ha sido diseñada para acoger la diversidad.
Este enfoque permitió impulsar la accesibilidad universal, la vida independiente, la educación inclusiva y la eliminación de barreras.
Modelo de derechos humanos
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad consolidó el reconocimiento de las personas con discapacidad como titulares de derechos en igualdad de condiciones.
La accesibilidad dejó de ser un favor. Los ajustes razonables pasaron a formar parte de las obligaciones contra la discriminación. La capacidad jurídica, la participación y la vida independiente adquirieron una centralidad fundamental.
Sin embargo, continúa existiendo una brecha entre el reconocimiento normativo y las experiencias concretas.
Integración e inclusión
La integración busca incorporar a la persona a un sistema previamente establecido, esperando que logre adaptarse.
La inclusión, en cambio, plantea que el sistema debe transformarse para que todas las personas puedan participar.
Este cambio representa un avance esencial. No obstante, la palabra inclusión puede vaciarse de contenido cuando se utiliza solamente como una declaración institucional, sin modificar prácticas, normas, roles o relaciones.
¿Qué propone el Modelo de Convivencia?
El Modelo de Convivencia puede definirse como un enfoque relacional, comunitario y operativo que busca organizar la vida social para que las personas con y sin discapacidad puedan compartir espacios, actividades, decisiones, vínculos y responsabilidades.
Esto requiere:
- Accesibilidad.
- Apoyos adecuados.
- Ajustes razonables.
- Participación real.
- Respeto por la voluntad.
- Transformación institucional.
- Reconocimiento mutuo.
- Pertenencia.
La convivencia no consiste simplemente en tolerar la diferencia.
Consiste en organizar la comunidad de manera que la diversidad tenga lugar, voz, decisión y valor.
Los seis principios del Modelo de Convivencia
1. Pertenencia
La persona no debe ser tratada como una invitada, una excepción o alguien cuya presencia depende de la buena voluntad de los demás.
Es integrante de pleno derecho de la comunidad.
La pertenencia no se concede como un favor. Se reconoce.
2. Participación real
La presencia física no es suficiente.
La persona debe poder comprender, actuar, comunicarse, decidir, interactuar e influir en lo que ocurre.
Participar no es solamente asistir. Es tener una función y una voz dentro de la actividad.
3. Apoyos sin sustitución
Los apoyos humanos, tecnológicos o estratégicos deben fortalecer la autonomía.
No deben reemplazar automáticamente la voluntad de la persona.
La diferencia entre un apoyo legítimo y una sustitución indebida no depende solamente de la intensidad del apoyo, sino de quién conserva el control sobre la decisión.
4. Transformación del entorno
La comunidad debe adaptarse a la diversidad.
No puede exigir que la persona se normalice para participar.
Esto implica revisar y modificar:
- Espacios.
- Protocolos.
- Documentos.
- Horarios.
- Sistemas de comunicación.
- Criterios de evaluación.
- Formas de atención.
- Actitudes institucionales.
5. Reciprocidad
La persona con discapacidad no es solamente receptora de cuidado, asistencia o servicios.
También enseña, trabaja, decide, produce, crea, cuida, participa y transforma la comunidad.
La convivencia es bidireccional.
6. Vida común
La meta no es crear circuitos paralelos para personas con discapacidad.
El objetivo es hacer accesibles y acogedores los espacios ordinarios donde transcurre la vida de todas las personas.
Diferencia entre inclusión y convivencia
La inclusión suele preguntar:
“¿Cómo incorporamos a la persona al sistema existente?”
La convivencia pregunta:
“¿Cómo transformamos el sistema para que la diversidad deje de ser una excepción permanente?”
La inclusión puede limitarse al acceso administrativo.
La persona está en el aula, en el trabajo, en el museo o en el hospital.
La convivencia exige analizar qué ocurre después.
- ¿La persona puede comprender?
- ¿Puede opinar?
- ¿Puede decidir?
- ¿Tiene un rol reconocido?
- ¿Recibe apoyos que respetan su voluntad?
- ¿Es escuchada directamente?
- ¿Participa en igualdad de dignidad?
- ¿Es considerada parte del grupo?
La inclusión puede permitir estar.
La convivencia busca pertenecer.
Relación con la Fórmula Glasbauer
La Fórmula Glasbauer fue descrita por primera vez en 2010 y se expresa de la siguiente manera:
Discapacidad = Limitación funcional / Entorno
La fórmula permite analizar si el entorno actúa como barrera o como facilitador para una actividad concreta.
El Modelo de Convivencia, desarrollado en 2023, agrega una dimensión cualitativa y relacional.
La fórmula permite preguntar:
“¿Dónde falla el entorno?”
El Modelo de Convivencia agrega:
- ¿La solución integra o segrega?
- ¿Fortalece la autonomía o sustituye la voluntad?
- ¿Produce pertenencia o solamente presencia?
- ¿Reconoce a la persona como parte activa de la comunidad?
- ¿Transforma la institución o solamente administra la diferencia?
Ambas propuestas son complementarias.
La Fórmula Glasbauer funciona como una herramienta de diagnóstico de la relación entre la persona y el entorno.
El Modelo de Convivencia ofrece un horizonte ético y operativo para orientar la transformación.
Componentes operativos del Modelo de Convivencia
Accesibilidad compartida
Los entornos físicos, digitales, comunicacionales, cognitivos y organizacionales deben diseñarse desde el inicio para la diversidad.
La accesibilidad no debe considerarse un agregado posterior para un grupo específico.
Debe formar parte de la estructura habitual de la vida comunitaria.
Apoyos relacionales
Los apoyos no son solamente recursos técnicos.
También constituyen relaciones que pueden facilitar la autonomía o generar dependencia.
Por eso deben ser:
- Consentidos.
- Proporcionados.
- Revisables.
- Comprensibles.
- Orientados a la voluntad de la persona.
Participación con rol
No basta con asistir a una actividad.
La persona debe tener un papel socialmente reconocido.
Puede participar como estudiante, trabajadora, vecina, paciente, docente, artista, votante, deportista o integrante de una organización.
La convivencia implica reconocer roles y aportes, no solamente necesidades.
Decisión y voz propia
La convivencia se debilita cuando otros deciden de manera sistemática por la persona.
Las instituciones deben escuchar preferencias, ofrecer información accesible y proporcionar apoyos para la toma de decisiones.
La familia, los profesionales o los organismos no deben sustituir automáticamente la voluntad.
Transformación institucional
No alcanza con sensibilizar individualmente al personal.
La institución debe modificar sus estructuras.
Esto puede incluir:
- Reglamentos.
- Protocolos.
- Formularios.
- Canales de comunicación.
- Horarios.
- Sistemas de turnos.
- Procedimientos de atención.
- Evaluaciones.
- Mecanismos de participación.
- Estrategias de consulta.
Reciprocidad comunitaria
La persona no debe ocupar únicamente el lugar de quien recibe.
También debe poder aportar conocimientos, experiencias, decisiones, trabajo, creatividad y cuidado.
Una comunidad que solamente ayuda, pero no reconoce el aporte de la persona, todavía no ha alcanzado una convivencia plena.
Indicadores para evaluar la convivencia
El Modelo de Convivencia puede utilizarse para evaluar instituciones, servicios y comunidades.
Presencia
¿La persona se encuentra en el espacio común, físico o digital?
Acceso
¿Puede ingresar, comprender, comunicarse, utilizar los recursos y desplazarse con autonomía?
Participación
¿Realiza actividades significativas o solamente permanece presente?
Decisión
¿Puede elegir, aceptar, rechazar, opinar y modificar aspectos de la actividad?
Apoyos
¿Recibe los apoyos necesarios sin que estos anulen su voluntad?
Reciprocidad
¿Tiene un rol activo o es tratada únicamente como receptora de asistencia?
Pertenencia
¿Es reconocida como parte del grupo o permanece identificada como una excepción?
Transformación del entorno
¿La institución modifica sus estructuras o continúa esperando que la persona se adapte?
Escala conceptual de convivencia
El modelo propone una escala progresiva para analizar la calidad de las prácticas institucionales.
Nivel 0: eliminación o rechazo
La persona no es aceptada o se considera que no debería participar.
Nivel 1: ocultamiento o tolerancia pasiva
La persona está presente, pero se evita su visibilidad o su participación activa.
Nivel 2: asistencia segregada
La persona recibe ayuda, pero en circuitos separados de la comunidad.
Nivel 3: integración condicionada
La persona puede ingresar al espacio común si logra adaptarse al sistema existente.
Nivel 4: inclusión con apoyos
La persona participa en espacios comunes mediante apoyos, accesibilidad y ajustes razonables.
Nivel 5: convivencia transformadora
La comunidad se reorganiza para que la diversidad pueda participar, decidir, aportar y pertenecer.
Esta escala no clasifica a las personas.
Evalúa la calidad de las prácticas institucionales y comunitarias.
Aplicaciones del Modelo de Convivencia
En educación
Permite pasar de la presencia física del estudiante a una verdadera pertenencia pedagógica.
No alcanza con que el estudiante esté en el aula. Debe poder aprender, comunicarse, participar, ser evaluado de manera adecuada y construir vínculos con el grupo.
En salud
Permite avanzar desde una atención centrada exclusivamente en el diagnóstico hacia una relación clínica respetuosa.
La información debe ser accesible, el consentimiento debe ser comprendido y la persona debe participar en las decisiones sobre su salud.
En el trabajo
Permite superar la contratación meramente formal.
La convivencia laboral requiere ajustes razonables, accesibilidad, oportunidades de desarrollo profesional, reconocimiento de capacidades y participación en condiciones dignas.
En la cultura
No basta con ingresar a un museo, teatro o actividad cultural.
La persona debe poder comprender, disfrutar y participar del contenido mediante recursos como audiodescripción, subtitulado, interpretación, sistemas de apoyo auditivo o lectura fácil.
En la comunidad
El modelo permite pasar de la tolerancia hacia la construcción de relaciones de reciprocidad y pertenencia.
La persona debe formar parte de los espacios comunes de decisión, participación y vida social.
Aportes del Modelo de Convivencia
El modelo permite:
- Diferenciar presencia de participación.
- Identificar formas de inclusión superficial.
- Detectar apoyos que sustituyen la voluntad.
- Analizar la calidad de la pertenencia.
- Evaluar prácticas institucionales.
- Orientar transformaciones concretas.
- Reconocer el aporte de las personas con discapacidad.
- Evitar circuitos segregados.
- Fortalecer la autonomía.
- Vincular accesibilidad, derechos y relaciones comunitarias.
Su principal aporte consiste en recordar que el objetivo no es solamente eliminar barreras.
También es necesario construir comunidades donde las personas puedan compartir la vida en condiciones de dignidad, decisión, reconocimiento y reciprocidad.
Limitaciones y desafíos
El Modelo de Convivencia no reemplaza al modelo de derechos humanos.
Necesita derechos, normas y garantías como base irrenunciable.
Tampoco sustituye al modelo social, porque requiere identificar barreras y transformar el entorno.
No reemplaza los abordajes clínicos, terapéuticos o de rehabilitación cuando son necesarios para el bienestar de una persona.
Además, puede ser banalizado si se interpreta la convivencia simplemente como “llevarse bien”.
La convivencia exige transformaciones institucionales profundas.
Puede entrar en tensión con:
- Sistemas rígidos.
- Escasez de recursos.
- Falta de formación.
- Culturas paternalistas.
- Procedimientos inflexibles.
- Prácticas históricas de segregación.
- Resistencia institucional al cambio.
Por eso, debe entenderse como un proceso permanente de revisión y transformación.
Una agenda para el futuro
El desarrollo del Modelo de Convivencia abre diferentes líneas de trabajo e investigación:
- Construcción y validación de escalas de convivencia institucional.
- Evaluación de apoyos que respetan la voluntad.
- Estudios sobre la diferencia entre inclusión declarada y convivencia real.
- Análisis de circuitos segregados presentados como soluciones inclusivas.
- Desarrollo de protocolos de consulta a personas con discapacidad.
- Medición del impacto de las transformaciones institucionales.
- Estudios sobre participación, pertenencia y calidad de vida.
- Evaluación de prácticas en educación, salud, empleo, cultura y comunidad.
Estas líneas permitirán transformar el modelo conceptual en herramientas cada vez más precisas para la evaluación y la intervención.
Conclusión
La historia de la discapacidad muestra un recorrido desde modelos de eliminación, abandono y segregación hacia paradigmas de accesibilidad, inclusión y derechos humanos.
Cada uno de estos avances ha sido necesario.
Sin embargo, ninguno garantiza por sí solo que las personas puedan participar plenamente en la vida común.
El Modelo de Convivencia, desarrollado por el Prof. Dr. Diego Glasbauer en 2023, propone complementar estos enfoques mediante una dimensión ética, relacional y comunitaria.
Su pregunta central no es solamente:
“¿Cómo incluimos a la persona?”
La pregunta es:
“¿Cómo transformamos la vida común para que la diversidad sea acogida como un valor y no como una excepción?”
Convivir no es tolerar la diferencia.
Es organizar la comunidad para que todas las personas tengan lugar, voz, decisión, participación y valor.
La Fórmula Glasbauer permite identificar dónde falla el entorno.
El Modelo de Convivencia permite orientar hacia dónde debe dirigirse la transformación.
Ambos modelos, articulados, ofrecen un marco conceptual y operativo para construir una sociedad en la que todas las personas puedan vivir juntas, participar y pertenecer.
Sobre el autor
Prof. Dr. Diego Glasbauer
Fundación CASID
Autor de la Fórmula Glasbauer, descrita por primera vez en 2010, y del Modelo de Convivencia, desarrollado en 2023 como un enfoque orientado a profundizar la accesibilidad, la participación, la reciprocidad y la pertenencia de las personas con discapacidad.
Referencias principales
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- Booth, T. y Ainscow, M. Index for Inclusion. 2002.
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- Oliver, M. The Politics of Disablement. 1990.
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- Shakespeare, T. Disability Rights and Wrongs. 2006.
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